El número más honesto del supermercado está en letra pequeña. Y casi nadie lo mira.

Estás en el pasillo del arroz.
Hay un paquete de 1kg a 1,05€. Hay un paquete de 2kg a 1,89€. Hay un paquete de 500g a 0,62€. ¿Cuál es el más barato?
La mayoría de la gente coge el de 1kg porque es el precio que «parece normal». O el de 500g porque «es más barato». O el de 2kg porque «sale más a cuenta comprar grande».
Solo uno de los tres está en lo correcto. Y para saberlo, solo necesitas mirar un número que ya está en la etiqueta — y que casi nadie mira.
Por qué el precio por kilo es el único dato honesto
El precio del envase es una trampa.
Un envase grande no siempre es más barato por kilo. Un envase pequeño no siempre es el más caro. Un producto «en oferta» puede costar más por kilo que el producto estándar de al lado que no tiene cartel de oferta.
Los supermercados lo saben. Por eso el precio de la etiqueta — el grande, el que ves de lejos — es el precio del envase. El precio por kilo está en letra pequeña, debajo, en un formato que requiere acercarse a leer.
No es casualidad.
El precio por kilo elimina todas las trampas. Si el kilo de arroz cuesta 0,89€ en un formato y 1,05€ en otro, el más barato es el de 0,89€. Sin importar el tamaño del paquete. Sin importar si uno dice «oferta». Sin importar si uno parece más grande.

Cómo usarlo en segundos
No hace falta calculadora. El precio por kilo ya está calculado en la etiqueta.
Busca el número pequeño. En la etiqueta del precio en el lineal, junto al precio principal, hay un número más pequeño que indica el precio por kilo, por litro o por unidad. Ese es el número que importa.
Compara ese número, no el precio del envase. Dos productos diferentes, mismo precio por kilo = mismo coste real. Precio por kilo diferente = uno es más caro aunque el precio del envase parezca igual.
Aplícalo siempre en estas categorías: aceites, detergentes, pasta, arroz, conservas, papel, café. Son las categorías donde los formatos varían más y donde la diferencia por kilo es mayor.
Ejemplos reales
La garrafa parece cara. Es la más barata.
El pequeño parece más barato. No lo es.
El paquete grande es más barato por kilo.
La trampa de las ofertas
Las ofertas son donde el precio por kilo más importa.
Un producto «en oferta» al 20% de descuento sobre un precio inflado puede seguir siendo más caro por kilo que el producto estándar de al lado que no tiene cartel de oferta.
Como explicamos en nuestro artículo sobre la reduflación, algunos supermercados suben el precio base antes de aplicar un descuento. El precio por kilo es la única forma de detectarlo.
Lo que cambia cuando lo aplicas siempre
Nada externo cambia. El supermercado sigue siendo el mismo. Los productos siguen siendo los mismos.
Pero tú dejas de ser el consumidor que el supermercado quiere que seas — el que decide por el precio del envase, el tamaño del cartel o el aspecto de la oferta.
Y empiezas a ser el consumidor que decide por el único dato que no puede engañarte.
Preguntas frecuentes
¿Están obligados los supermercados a mostrar el precio por kilo?
Sí. La normativa europea y española obliga a los establecimientos a mostrar el precio por unidad de medida (kilo, litro, metro, etc.) junto al precio de venta. En la práctica, está siempre en la etiqueta del lineal, aunque en letra más pequeña que el precio principal.
¿Funciona también para productos frescos al peso?
En productos vendidos al peso (fruta, verdura, carne en mostrador), el precio ya es directamente por kilo — no hay ambigüedad. La trampa está en los productos envasados con formatos variables.
¿Hay productos donde el formato grande siempre es más barato?
Casi siempre en aceites, detergentes, papel de cocina y papel higiénico. No siempre en alimentos frescos, donde el precio puede variar según la calidad del lote.
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