La otra factura del verano: lo que el horno le hace a tu recibo (y cuánto ahorras si lo apagas)

El verano tiene una factura que no se ve venir hasta que llega el recibo. Y en 2026 llega con agravante, uno que ya está en tu recibo: el 1 de junio el IVA de la electricidad volvió al 21% después de meses al 10%. Traducido, por cada 100 euros de luz que pagabas en mayo, ahora pagas 110.
Cocinar con calor no es solo incómodo. Es caro por partida doble: los electrodomésticos que dan calor son los que más consumen, y además obligan al ventilador o al aire acondicionado a añadir consumo para deshacer lo que acaban de hacer. Pagas por calentar y luego pagas por enfriar.
Cuánto consume de verdad cada cosa
Aquí van los números, que es lo que casi nunca se cuenta.
El horno eléctrico trabaja entre 2.000 y 5.000 vatios y consume del orden de 1 a 1,5 kWh por uso, más si la cocción es larga o a temperatura alta. Asar un pollo de kilo y medio a 220 grados durante poco más de una hora sale por unos 30 a 40 céntimos de electricidad.
La freidora de aire trabaja entre 1.000 y 1.800 vatios y consume de 0,8 a 1,5 kWh por hora de uso. Media hora de freidora cuesta entre 11 y 23 céntimos. Es decir: para muchos platos, el horno puede costar en torno al doble. Los rangos son amplios y dependen del aparato, la temperatura y el tiempo, así que no es una ley universal — pero la dirección es siempre la misma.
Y hay dos detalles que agrandan la diferencia y que no aparecen en la etiqueta:
– El horno necesita entre 10 y 15 minutos de precalentado antes de meter nada. Ese consumo no cocina, solo calienta aire.
– Cada vez que abres la puerta para mirar, el horno pierde hasta un 25% del calor y tiene que recuperarlo.
Súmalo y un asado de una hora real son bastantes más de sesenta minutos de consumo — el precalentado solo, sin cocinar nada, ya se lleva la cuarta parte de una hora.
La nevera y el congelador son el caso opuesto: no puedes apagarlos, y en verano trabajan mucho más porque tienen que mantener el frío contra un ambiente caliente. No hay decisión que tomar, pero sí hay margen: no meter comida caliente, no dejar la puerta abierta pensando qué cocinar, y comprobar que las gomas cierran bien. Una goma vencida es un compresor trabajando de más las veinticuatro horas.
El microondas y la olla eléctrica consumen bastante menos que el horno para muchos platos, y tienen la ventaja de no calentar la cocina.

El coste que no está en el recibo del horno
Aquí está la parte que casi nadie calcula. Una hora de horno en julio no solo te cuesta sus 30 o 40 céntimos: te deja la cocina —y buena parte de la casa— varios grados más caliente durante horas.
Si tienes aire acondicionado, ese calor lo vas a pagar otra vez: el aire tiene que añadir consumo para retirar exactamente el calor que acabas de meter en casa. Si no lo tienes, lo pagas en incomodidad, que también cuenta. En invierno el calor residual del horno es un regalo. En julio es un problema que has fabricado tú.
Por eso la cuenta honesta de encender el horno en verano no es el consumo del horno. Es el consumo del horno más el del aparato que después deshace su trabajo.
Cómo cocinar sin castigar la factura
Destierra el horno en julio y agosto. Casi todo lo que haces al horno tiene versión de plancha, fogón rápido o freidora de aire —para muchos usos en torno a la mitad de consumo— y sin calentar la casa. No es una renuncia culinaria: en verano apetece menos el asado que la plancha.
Cocina en frío siempre que puedas. Gazpachos, ensaladas de legumbre, platos que no piden fuego. Coste eléctrico cero, y son justo los platos que apetecen con calor. Nuestro menú semanal de este mes está construido entero sobre este principio.
Agrupa el fuego en una sola sesión y a horas frescas. Si tienes que usar los fogones, hazlo temprano o de noche: la casa está fresca, y según tu tarifa la luz está más barata. Cocinas para varios días de una vez y solo calientas la cocina una vez por semana.
Ayuda a tu nevera. Comida a temperatura ambiente antes de guardarla, puerta cerrada mientras decides, gomas revisadas. Es gratis y trabaja las veinticuatro horas del día.
El movimiento SYM del mes
Este mes, cocinar barato y cocinar fresco son exactamente lo mismo, y no es casualidad: la cocina de verano de toda la vida —gazpacho, plancha, legumbre en frío, fruta de postre— se inventó en casas sin aire acondicionado por gente que sabía que encender fuego en agosto era una mala idea. Resulta que también es la más barata.
Con el IVA de la luz ya al 21% desde el 1 de junio, cada hora de horno que te ahorres vale un 10% más que en mayo. Cambia horno por plancha y freidora, cocina de noche si tienes que cocinar, y deja que la fruta de temporada haga de postre. La otra factura del verano se paga, sobre todo, en las horas que dejas el horno encendido.
